La autoría y la mente colectiva

Durante las dos semanas que duró Bee Time, nuestras conversaciones y discusiones influyeron en mi forma de pensar y hacer de manera profunda. De repente me pareció extraño señalar mi escultura y decir: “Yo la hice. Eso es mío” Parecía que todo lo que estaba haciendo era de alguna manera el resultado del pensamiento colectivo del grupo.

Carrie Foulkes

Inspiradxs por el superorganismo que forman las abejas melíferas, nuestro trabajo durante las residencias a menudo se centra en la compleja relación entre el yo y el colectivo. La artista Lydia Heath se refirió a esto en la primera residencia cuando creó la pieza “How do we want to work together?” Los proceso de cada participante se comparte con el grupo y se nutre de los comentarios e ideas de los demás. Lo que hace que algunas obras surjan en el espacio del colectivo. Gran parte de nuestro tiempo lo dedicamos a la fermentación colectiva de ideas y esto se refleja a menudo cuando se trata de la autoría artística, ya que es difícil separar la aportación de otras entidades en el trabajo individual.

Al final de la residencia solemos tener un estudio abierto donde compartimos nuestros procesos artísticos. Ha habido diferentes formas de nombrarnos a nosotros mismos como los creadores de las obras, lo que ha desencadenado conversaciones y debates entre los participantes. En una de las ocasiones, logramos encontrar un término medio interesante, mostrando la tensión entre la idea de la propiedad del proceso creativo y su desaparición. En el cartel de nuestra exposición para la segunda residencia (octubre de 2016), nuestros nombres aparecían mezclados y superpuestos, de modo que difícilmente podían ser leídos, identificados y separados entre sí.

En esa exposición en particular no usamos etiquetas con los nombres junto a las obras de arte y en ese contexto se sintió congruente con el proceso del grupo. Durante este “Tiempo de las Abejas”, un año después, llegamos al día de la exposición en un alto nivel de desorganización y no nos tomamos el tiempo para discutir esta idea entre nosotrxs. Encontramos que para algunxs, el trabajo perdía un fundamental sentido de finalización y pertenencia cuando no se hacía referencia a la autoría individual, por lo que pensamos que nuestra anterior “solución” no debía convertirse en una fórmula. Lo que nos interesa es seguir cuestionándonos sobre la autoría y la propiedad individual en el caso de una obra de arte creada por la mente colectiva.

La autoría y la mente colectiva
 

Una solución mucho más simple y natural fue la que alcanzamos en nuestra exposición de post-residencia en Emerson College (Reino Unido, julio de 2017). Durante la lectura de poesía de Lynne Shapiro, la propia Lynne explicó a los presentes que estaba fascinada por la forma en que todas las obras estaban conectadas entre sí. Resaltó que era evidente la manera en la que nos habíamos influido mutuamente a lo largo de los días compartidos, reimaginando mutuamente formas de pensar y crear.

Recuerdo que la acción de Jorge Gallardo “Fertilidad vulnerable“, realizada durante la tercera residencia (julio de 2017), me conmovió de una manera muy personal. Pero lo que más me tocó fue que después de su actuación, cuando me atreví a cambiar el título de su obra (estaba escrito en la pared y lo cambié de `Vulnerable Fertility’ a `In Memoriam of Vulnerable Fertility”) me dijo que se sentía muy agradecido, porque al hacerlo, para él la pieza se había convertido en una obra social, que pertenecía a todo el mundo y no sólo a el mismo.

Pol Parrhesia

La posible colectivización de la autoría de la obra de arte (siempre en tensión con el individuo que la inicia o la produce) implica pensar en el papel social del arte, la desaparición del “objeto” y la sensibilización del público o de quienes reciben la obra de arte hacia una forma más comprometida de recibirla. La obra, entonces, totalmente integrada en la vida cotidiana de una comunidad, crea contextos de acción colectiva y emerge en el encuentro entre el artista, el público y la obra, donde ninguno de ellos puede existir como una entidad separada.

Esta relación dinámica y simultánea forma una idea del arte como un sistema de eco(1) de nuestra cultura. Se manifiesta en lo que se conoce como arte socialmente comprometido: “una estética en sí misma: de interacción y desarrollo”(2) Una disciplina que valora el proceso de un trabajo por encima de cualquier producto u objeto terminado.

Los procesos que se inician dentro del grupo Bee Time a través de procesos de pensamiento colectivo a menudo encuentran su camino hacia la esfera pública a través de eventos y acontecimientos participativos. En un intento por definir, puede decirse que el arte socialmente comprometido crea obras relacionales con el territorio (un compendio de lugar, tiempo y gentes). Esta idea engloba creaciones colectivas y eventuales, investigaciones del ecosistema natural y social y contextos de participación ciudadana. En estos tres casos, el artista aparece como un catalizador, un antropólogo, que busca un contacto vital con la comunidad y el lugar donde trabaja.


  1. Kaprow, Allan; The Education of Un-Artist 1993, University of California Press. p. 99 /
    ‘Art, which copies society copying itself, is not simply the mirror of life. Both are created.
    Nature is an echo system.’ Traducción propia
  2. Finkelpearl, Tom; What we Made: conversations on art and social cooperation 2012,
    Durham: Duke University Press; p. 132. Traducción propia


Texto publicado en nuestra publicación Holón, una monografía de arte y ecología, una colección de ensayos, procesos artísticos y de pensamiento que surgió de nuestro encuentro con apicultores locales, agricultores y expertos en pensamiento sistémico en la comarca de La Janda en octubre de 2017.


beetimers

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.