20 de Mayo, Día Mundial de la Abeja

20 de Mayo, Día Mundial de la Abeja

 

20 de Mayo es el Dia Mundial de la Abeja, un día dedicado a la especie apis mellifera para reconocer su importancia y la de las prácticas agrícolas y apícolas sanas que pueden apoyar su salud. Para celebrarlo participaremos en un evento online con otros api-cuidadores de varios países para hablar sobre nuestro trabajo, nutrirnos y aprender de los demás. Os invitamos a uniros a esta especial conferencia!

Os compartimos así mismo algunos relatos sobre la última temporada de recogida de enjambres en plena cuarentena junto a los vídeos de los distintos procesos, captados por nuestro ingenioso japijander Francis Esquivel Gallardo.

Leticia De Aranzadi de San Ambrosio nos regala para la ocasión el cuento sobre abejas ETXEKOANDRE, para que lo disfruteis!

Felíz día de la Abeja Melífera!


Eventos online Dia Mundial de las Abejas

Los ‘Apijanderos’ Pol Parrhesia, Jorge Gallardo y Karmit Even Zur, hablaran en un evento zoom en vivo sobre el documental que han filmado durante su reciente viaje a Israel y Palestina donde han conocido y apicultores, activistas apícolas y artistas que están trabajando con las abejas para construir puentes interculturales en la zona.
(el evento será en Ingles).

Aquí están los enlaces para el evento que pueden unirse en cualquier momento del día, (todos los horarios son de la zona horaria de Europa Central):

🐝 13:00-14:30 Parque de la Colmena. Enlace para la reunión de zoom —> https://bit.ly/2X8rhnJ

🐝 14:30-17:00 – conversación con amantes profesionales de las abejas de todo el mundo. Enlace para la reunión de zoom —> https://bit.ly/2YZUAer
Allbert Muller – Nijbroek – Nederland
Michael Joshin Thiele – Apis Arborea- Los Angeles
Adrian Lodice – apicultura natural Melbourne
Karmit Evenzur, Pol Parrhesia, Jorge Gallardo – BeeTime – España
Ferry Schutzelaars- Harlem Nederlend
Tareq Nassar – Centro Sinsila مركز سنسلة – Jerusalén Este
Jacqueline Freeman – Spirit Bee – Washington
Yossi Aud – Abejas y Amor – Givat yearim

🐝 17:00 -18:15 Embajadores y abejas.  Enlace para la reunión de zoom —> https://bit.ly/2WV2lQf
Una ceremonia transcontinental que incluye una transmisión en vivo desde el centro apícola “Propolis” en “La Terraza” y desde otras colmenas alrededor del mundo. la abeja es una embajadora de la armonía y el compartir en nuestro mundo. el impulso humano para las relaciones de buena vecindad entre países, sociedades y culturas está representado en esta parte por embajadores de todo el mundo que presentarán organizaciones apícolas de sus países.

La embajadora eslovena, la Sra. Andreja Purkart Martínez, presentará a Eslovenia la tierra de las abejas. Yossi Aud, presentará Muslala y la apicultura urbana en el camino natural.

🐝 18:15-18:30 Una bendición conjunta para el bienestar de las abejas, la humanidad y la tierra en el planeta Tierra. Una meditación internacional guiada por Relly Aud.

Y otra celebración, en vivo desde California a las 21:00 (CET) con 12 colaboradores de todo el mundo. https://youtu.be/W9WTXfiDX_4


Relatos Apijanda en tiempos de pandemia

Temporada de enjambres 2020

La recogida de un enjambre en tiempos de coronavirus por Ángel Sigler

Recogida de “Las Coronitas” el 14 de abril de 2020

`La primavera de 2020 se recordará especialmente por el estado de confinamiento en que nos encontrábamos debido a la aparición de un virus que afectó a la población de forma preocupante. Este virus al que llamaron Covid-19, formó un follón a nivel mundial que se recordará por muchos años. Afortunadamente por la zona de la Janda y Bahía de Cádiz pasó discretamente, pero no por eso dejamos de estar confinados y las autoridades toleraban la movilidad en casos necesarios. Esa singularidad fue lo que caracterizó la recogida de enjambres esa primavera. Éstos pasaban casi desapercibidos, salvo que se pusieran a descansar en zonas habitadas o en los escasos lugares donde transitaba alguna que otra persona.

Ángel durante la re-acogida

En aquellos días, circular por la calle era como andar por un pueblo fantasma al estilo de los spaghetti western de los años 60. Solo faltaban las bolas de paja rodando por las calles arrastradas por el viento y la música de Ennio Morricone. Esa fue la sensación que tuve ese día cuando fui a capturar el enjambre al Pago del Humo, caminos vacíos con algún perro solitario. Acostumbrado a ir con los compañeros y compañeras de Apijanda a vivir esas experiencias de recogidas de enjambres, ir solo y con mascarilla y guantes como pedían las autoridades, me pareció extraño y misterioso. Además hacía falta el permiso de la Guardia Civil para circular. Gracias a dios en Chiclana fueron muy amables y me dieron todas las facilidades, eso sí, con mascarilla, guantes y sin acompañantes. Cuando me pongo en marcha, ya entrada la tarde, no sabía con exactitud la dirección de la vivienda de dónde nos llamaron. Las indicaciones eran muy confusas, y como no había nadie por los caminos a quien preguntar, se complicó un poco la aventura. Además, en aquella zona escaseaba en aquel momento la cobertura de telefonía, lo que lo complicó aún más. Encontrar el lugar se convirtió en un ir y venir por los caminos a tientas. Por fortuna conseguí contactar con el dueño de la finca y ya vino a recogerme en un lugar que quedamos. La casa estaba “en el fin del mundo” entre caminos sinuosos y cruces sin indicaciones.

Lo demás fue relativamente fácil. Había un precioso enjambre colgado en una acacia y muchas abejas alrededor. Daba la impresión que se iban a ir de un momento a otro, así que había que actuar rápido. La recogida no tuvo dificultad y lo metí en una caja de cartón que llevaba preparada. La abeja reina estaba en la bola que entró en la caja y las demás se apresuraron a entrar también. He de decir que eran un poco bravas y me picaron un par de veces. Tras esperar un tiempo que se recogieran todas las abejas, cerré la caja y empezó la segunda parte de la aventura. Contacté con José Carlos para alojarlo en su finca de Patría, en Vergel de la Miel. También tuve que informar a la Guardia Civil de esta eventualidad. Quedamos en la mitad del camino para hacer el intercambio, en la carretera del Pago del Humo. Cuando llegó Seka al punto de encuentro ya casi de noche, fue muy agradable ver a un compañero después de días de confinamiento. Seka se llevó el enjambre y lo alojó en una caja dadant que dejó cerrada con alimento, como dijo Seka, con miel “de la buena”. Como amenazaba lluvia, dejó la colmena cerrada esa noche y todo el día siguiente y le abrió la piquera el jueves a primera hora de la mañana. Salieron tímidamente algunas exploradoras y ya a mediodía empezaron a meter polen, señal de aceptar su nuevo hogar. La colmena la bautizamos con el nombre de “Las Coronitas”.`


Las Hortelanas por Francisco Gallardo Bermúdez

Santa Lucía, Vejer / Sábado 2 de mayo de 2020

‘Ha amanecido un bonito día de primavera y como cada mañana doy un repaso a los animales y me dedico a trajinar en la huerta. Es tiempo de nísperos, así que decido llenar un canasto. Empiezo por el árbol que está junto al arroyo, con las hojas y frutos aún chorreando del rocío. Una collera de patos bravíos levanta el vuelo desde la charca y las ovejas me berrean desde el cercao.

Enjambre Las HortelanasDespués paso al árbol que está junto a la alberca y al acercarme veo algunas abejas revoloteando junto a la colmena. Creyendo que tal revuelo formaba parte de la actividad de la propia colmena, empiezo a coger los frutos de este árbol y ¡sorpresa!, en una rama, justo encima de mi cabeza estaba el enjambre, todas recogidas formando una piña al ser temprano todavía. Era de tamaño medio y suponemos que salió a última hora de la tarde anterior ya que estuve antes del atardecer y no las vi. Por cercanía puede ser hijo de la colmena de la alberca. Avisé a Franci y a Jorge y entre los tres lo colocamos en una caja Bee free reformada por Franci y la instalamos al lado de la que suponemos es su madre. La captura fue muy fácil: cortamos la rama, cayeron dentro de la caja y esperamos a que entraran algunas rezagadas.

Las bautizamos como Las Hortelanas, por razones obvias y hoy, diez días más tarde, se ven muy adaptadas a su nuevo hogar. La colmena de la alberca fue un enjambre recogido por Luis el 01/04/2019 y se instaló en este sitio con la ayuda de Manolo Vigilia que le añadió una reina procedente de sus colmenas. Es una de las pocas, creo que la única, que han enjambrado desde que empezamos allá por marzo de 2015 y puede ser debido a la buena idea que tuvo Franci de reducir el espacio de la caja Layens, de esta y de Las Barbateñas.’


Vídeo registros por Francis Esquivel Gallardo

 
🐝 Lista de reproducción de 3 re-acogidas de enjambres de esta temporada.


Etxekoandre

Un cuento de Leticia de Aranzadi

Tras una década proyectando el viaje, Estela llegó a la aldea de sus padres. No le pesaron los ocho mil kilómetros recorridos: nada másentrar a la casa del cura se aseó un poco y se dispuso a alcanzar su objetivo.

Tomó la vereda que salía junto a la Iglesia hasta la cima de la colina. Los rayos del sol avivaban el verdor del bosque, haciéndolo reverberar bajo la lluvia de la noche anterior. Tras veinte minutos de ascenso, al llegar a lo alto de la loma encontró las tres colmenas. Se acercó a la del centro y se quedó a la derecha de la entrada.

Las abejas se aglomeraban alrededor de un pequeño orificio en la tapa frontal de la colmena. A los pies de esa abertura una pequeña plancha de madera hacía de “pista de aterrizaje”. Allí las abejas compartían información sobre la ubicación de las flores y la cantidad de polen: en su danza iban dejando marcas de feromonas sobre e suelo; sin titubeos, una y otra vez, todas despegaban desde el mismo punto exacto.

Aunque no temía al enjambre Estela se protegió con un sombrero de paja del que pendía la malla tejida por su amatxi, la abuela. Se sentó a la entrada de la colmena y como mandan sus mayores, dio tres golpecitos en la tapa.

Algo inquieta, al principio se preguntaba si las abejas se molestarían por la presencia de una extraña. Sin embargo pronto entró en calma y pudo tomar conciencia del carácter sagrado de ese lugar. Reconoció que se encontraba ante la esencia de la creación: ante sí el fogón donde “se cuece” toda la vida vegetal y por ende, también la vida animal. Sorprendida por esa revelación, sintió una devoción honda y sincera. En su zumbido las alas de las abejas tejían una polifonía perpetua, donde iban y venían en stretto oleadas de distintas frecuencias.
Conmovida, Estela permanecía quieta como una estatua. Una abeja en misión de reconocimiento, revoloteó durante un rato alrededor de su cabeza. En ocasiones se posaba sobre la malla que cubría su rostro. Mientras sentía cómo el zumbido masajeaba su piel, impertérrita, Estela miraba a la abeja y se dejaba hacer. Después de que se alejara, Estela se quedó observando; escuchando sin ninguna intención.

Al sentir sus huesos se dio cuenta del salto abierto en el tiempo ancestral: en la familia nadie había comunicado a las abejas la muerte de su hermano, como ordena la tradición.
Respiró desde el vientre y pronunció la fórmula que recitaran las abuelas:
-Etxeko nagusia il da: ha muerto el dueño de la casa.

Retomaba el testigo de su linaje ante las abejas: tal como las amas de casa venían haciendo desde la noche de los tiempos en el país vasco, Estela ahora daba fe de las muertes y los nacimientos de la familia a la colmena.

Compartió también a la colmena la noticia del nacimiento de su hijo…
-Ya he cumplido mi misión de traer a mi hijo Ander al mundo y le he dado alas.

En ese momento conectó con sus sentimientos como madre y les dio voz:
-Ahora que él ha volado me encuentro en un espacio vacío entre el nacimiento y la muerte…
Estela quedó en un silencio suspendido y como si se asomara a un precipicio, en su alma se hizo el vacío… El espacio se expandió. Ella escuchó: abrió el oído y sintió cada zumbido en su peculiaridad única y todos juntos a la vez.

Amplió el campo de visión. Algunas nubes cruzaban el cielo despacio. Cuando salió de nuevo el sol, su calor aumentó el metabolismo de las abejas: se elevó la frecuencia de su zumbido que ahora sonaba más agudo e intenso.

Por un momento a Estela la atravesó un escalofrío; era una sensación placentera que recorría su espalda y la nuca. Había dormido poco la noche anterior. A ratos se dejó ir sencillamente cerrando los ojos, permitiendo que el sonido hiciera su trabajo. Después contempló el trasiego de las abejas que entraban y salían sin titubeos, directas hacia su destino. Le provocaba un efecto hipnótico. Antes de entrar en la colmena algunas revoloteaban a su alrededor guardando una distancia que rara vez traspasaban: una se posó en su pierna derecha; luego otra sobre en su brazo derecho y lo recorrió hasta la mano y el dedo índice; una tercera transitó por su pierna izquierda.

Algunas abejas, empujadas por el viento tenían que corregir su trayectoria para alcanzar la entrada de la colmena. Por su parte, las que salían conocían perfectamente la dirección a tomar y despegaban catapultadas como proyectiles desde un punto preciso. Alrededor de ellas volvían sus compañeras con las patas cargadas de polen multicolor, describiendo una suerte de abanico caótico.

A pesar de no tener conciencia del tiempo transcurrido, Estela pasó más de dos horas en aquella especie de hipnosis. Cuando comenzaba a salir de ese estado se abrió en su mente un espacio diferente donde ahora oyó una voz:

-No importa. De nuevo el silencio. Todo era perfecto. Como una respiración que inspira y exhala, el zumbido la envolvía en ida y vuelta. A modo de acupuntura energética, la frecuencia de aquel sonido penetraba el campo electromagnético emitido por su propio cuerpo, como limpiándolo de “esquirlas”, dejándolo suave y redondo. Las abejas dejaron de prestarle atención permitiendo simplemente que Estela permaneciera allí. La frecuencia que emitía su cuerpo y el de la colmena habían quedado sintonizadas. Entonces sintió algo distinto: -Ya me conocen. En un instante se disiparon sus dudas de los últimos años y un asombro sencillo la inundó entera: sin guía de ningún tipo y de una manera intuitiva, se había iniciado a las funciones antiguas de la etxekoandre.
El vínculo que la separara de la milenaria sabiduría de sus abuelas había sido restaurado. Ya no era necesario permanecer allí por más tiempo. A partir de ese momento podría volver a aquel sagrado lugar para hablar con las abejas, sin más protocolos. Dio las gracias y volvió a casa. Durante el resto del día el zumbido permanecía en ella como una resaca. Le traía sensaciones similares a las que vivió cuando subió a Montserrat y oyó el sonido de la tierra. Entonces había escuchado un rugido, como el preámbulo de un terremoto; casi un infrasonido similar al omm que sobrecoge y calma al mismo tiempo.

El zumbido de las abejas permanecía en todo su ser: en su cerebro, los demás sonidos se decodificaban como si fuera el vibrar de las abejas volando. De noche ya en la cama, aún sentía ese mismo zumbido y la sensación del revoloteo a su alrededor. En el fluir de aquella sinfonía en eco la nota dominante era la confianza. Al día siguiente, Sábado Santo, Estela sabía lo que debía hacer: desde la iglesia llevó a la casa el cabo de una vela bendecida. Lo encendió y tras describir una cruz en el aire con la vela, dejó caer unos goterones de cera en cada pieza de la casa: la cera que habitan las abejas alumbraba la casa de los hombres. Tras hacer la señal de la cruz ante los rostros de sus hombres -su hijo Ander y su marido Antonio-, Estela dejó caer también un poco de cera líquida sobre sus boinas y quemó un mechón de sus cabellos. Así alumbraba las almas de los difuntos, como manda la tradición.


beetimers

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