Mesa de trabajo – El Tercer Paisaje

Con Alberto López, alumnos* del máster ‘Idea y Producción’ y Lucía Loren

Una de las acciones conjuntas de la comunidad de aprendizaje de apicultura natural Apijanda y BeeTime ha sido la creación de un pequeño jardín melífero, acción comenzó en marzo de 2019. Para empezar a sembrar, tuvimos que retirar una serie de plantas, sobre todo la Ipomoea que cubría con un manto violeta y verde al resto de la vegetación del lugar que elegimos. La ipomoea es una planta que puede comportarse como invasora en ciertos territorios que le sean propicios, disminuyendo la biodiversidad, como una especie de monocultivo arrasador. Al retirar la ipomoea pensamos que sería importante buscarle una utilidad, aprovecharla de alguna manera, además de construir una barrera que la contuviese.

Ipomoea Fistulosa / Illustration: IFAS Center for Aquatic Plans, University of Florida, Gainesville 1990
Ipomoea Fistulosa / Illustration: IFAS Center for Aquatic Plans, University of Florida, Gainesville 1990

En 2018, el ayuntamiento de Vejer llevó a cabo parte del programa de erradicación de plantas invasoras y mejora forestal del área de los Molinos de Santa Lucía, diseñado por David Melero, Verónica Girón y colaboradores, biólogos y vecinos de Santa Lucía. El lugar hasta el que pudo retirarse la ipomoea funciona de frontera entre un paraje vegetal diverso y el manto violáceo invasor. En ciertas zonas ya está reapareciendo.

En abril de 2019 invitamos a Lucía Loren a la residencia artística Bee Time, junto con el artista Alberto López Baena y los estudiantes del Máster Producción e Idea de la facultad de Bellas Artes de Sevilla. El programa pertenece al proyecto ARTE PARA EL CAMBIO, inscrito en el marco del Proyecto europeo ¡No hay un PLANeta B!, gestionado en España por el Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad internacional (FAMSI) y financiado por la Unión europea a través del Programa DEAR.

Primeramente, al comentarle a Lucía cuál era nuestra situación con la ipomoea, planteó realizar un taller de cestería botánica, aprovechando una técnica que había aprendido en Argentina hacía veinte años. El método consistía en aprovechar cualquier material vegetal para diseñar objetos y útiles para la vida cotidiana. Durante los cuatro primeros días de exploración, un conjunto de unas ocho personas tejieron prototipos de caza-enjambres con ipomoea, sobre todo para observar cómo se comportaba el material, tejiéndolo sólo, con mimbre, zarza o madreselva. Partiendo de la figura geométrica del cono, los prototipos derivaron en otras figuras. Juntas aparecen como un enjambre, una red de gestos individuales que confía en el poder del colectivo que forman.

Por otro lado, la invitación que hicimos a Alberto tenía dos caracteres. Por un lado queríamos que realizase un seguimiento de la campaña de reparación de colmenas y recogida de enjambres realizada por Apijanda; por otro queríamos conocer su experiencia tras la realización del proyecto El jardín invasor, realizado junto a Manuel Prados en Tabakalera en 2018. Alberto y Manuel plantean en su proyecto la creación de un jardín de plantas invasoras, apelando a una regulación natural de la flora y cuestionando el colonialismo humano. Tanto a la presentación como a la segunda parte de la residencia artística, invitamos a un grupo de estudiantes del Máster de Bellas Artes de Sevilla, y a dos de sus profesoras, Rocío Arregui-Pradas y Carmen Andreu. Ambas, además de formar parte del equipo docente del master, organizan los encuentros de Arte y Naturaleza desde hace tres años en la Universidad de Sevilla.

Durante el primer día de esta segunda fase, se inició una conversación sobre las ideas que Gilles Clément difunde en sus obras El tercer paisaje y El jardín en movimiento. En ellas, Clément habla del conjunto del planeta como jardín y de la necesidad de crear un diálogo con lo silvestre en la creación de la vida vegetal. Toda la jornada cambió nuestra percepción sobre el jardín.

Tras varios diseños, el grupo, renovado con la presencia de los estudiantes del máster y de nuevo guiados por Lucía Loren, decidió ‘construir una estructura simple de caña que delimitase el área del jardín melífero. Esta estructura, tejida con la ipomoea retirada, originaría ciertas zonas de sombra, permitiendo que las nuevas plantas del jardín pudiesen crecer durante el verano. En cierta forma pensamos en “elevar” el manto violáceo formado por la ipomoea. La idea es generar una zona de control, un perímetro visible en la parte más alta del paraje, en el que podamos observar cómo avanza la ipomoea, reconduciéndola y haciéndola trepar por la estructura de caña, originando un espacio de convivencia con el resto de las plantas.

Guiles Clèment habla del tercer paisaje como ‘un lugar en el que no se expresa ni el poder ni la sumisión al poder’. Nuestro jardín melífero es un espacio de observación y de intervención consciente, en el que poder plantear un diálogo entre la ipomoea y el resto de las plantas. Un pequeño prototipo en el que poder trabajar por la diversidad proponiendo soluciones creativas ante los problemas de invasión. Los objetos creados con la ipomoea remiten a algo mucho más atávico, quizás también por plantearnos cómo dialogar con lo que somete, cómo proponerle una salida colaborativa. La idea del enjambre sobrevuela sobre todas ellas, como símbolo de fertilidad y cobijo. Quizás el paseo de la mirada por los objetos y el jardín nos pueda inspirar en la vía que va desde la sumisión que plantea el poder, desde la invasión de una especie en detrimento del resto, hacia espacios de colaboración más abiertos, permeables y diversos.

El jardín melífero en movimiento

*Alumnos del Máster Universitario en Arte

Idea y Producción – BBAA Universidad de Sevilla,

participantes del taller y mesa de trabajo:

Irene Pérez Ariza

(Córdoba, 1990)
Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Ha participado en exposiciones colectivas en Sevilla, Córdoba, Santander y Liverpool, siendo premiada en el Concurso de artes plásticas Four Seasons de Madrid (2018). Su obra artística se basa en los procesos naturales y algunos comportamientos animales y vegetales, creando imágenes que ponen en valor todos estos elementos. Utilizando los materiales en crudo, para no detener el propio potencial de vida inherente en ellos, nos remite a lo esencial y básico de la vida.

Manuel Rosa Segura

(Almería, 1987)
Graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y técnico superior en ilustración con la EAA de Granada. Ha expuesto ciudades como Madrid, Barcelona, Santander, Bilbao, Granada y Sevilla. Más recientemente, a finales de 2018 y principios 2019, expone su segundo solo en la sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia de la Diputación de Granada. Nacer del magma Morir en el mar, de titulo, muestra sus obras más comprometidas con la problemática medioambiental acompañadas por un texto crítico del artista, docente e investigador Santiago Morilla. En la actualidad vive en Sevilla y estudia el Máster en Arte: Idea y producción.

Michael J. Contreras

(Venezuela, 1992)
Inquieto por naturaleza, y preocupado en asuntos morales y éticos, la academia se le presenta como una Ítaca a la que siempre ha de volver. Cursa primero estudios de Filosofía, para luego embarcarse en el rumbo de la Arquitectura, en la misma casa de estudios. La Universidad Central de Venezuela le cobija por varios años, y allí encuentra grandes maestros que sacian su apetito literario, cultural y artístico, mientras desarrolla a la par, su carrera como pianista con el destacado músico austriaco Gerry Weil. Se muda a España en el año 2018 y encuentra en Sevilla su primer espacio de acogida, además de un armonioso equipo para aprender a tejer sus ideas y seguir cultivando las mismas dinámicas de búsqueda y creación.


beetimers

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