Sexo telúrico – un acercamiento

Sexo telúrico - un acercamiento

El área alrededor de los Humedales de la Janda que se extiende hasta el Campo de Gibraltar tiene más de 250 pequeñas cuevas (abrigos) con pinturas rupestres. La abundancia de estos lugares y la singularidad de las pinturas son continuamente estudiadas por los arqueólogos que buscan entender su significado y por qué fueron dibujadas en estos lugares.

Podemos pensar que los seres humanos del paleolítico y del neolítico, artistas de estas pinturas, eran mucho más conscientes de su entorno, y que esa conciencia tenía algo de sensual, al vivir en una cultura basada en la naturaleza, que entendía el tiempo como algo cíclico, que integraba a los seres de todo el ecosistema.

En enero de 2020, convocamos una sesión privada junto a una historiadora y dos “currantas del cuerpo”. Mercedes Versaci Irúa, arqueóloga de la Univ. de Cádiz que ha estado estudiando las pinturas rupestres de la zona, nos guió hacia las cuevas del Bacinete. Hacia allí fuimos con Helena Martos y Judith Mata, bailarinas o currantas del cuerpo y el movimiento. La intención era retomar el contacto con las imágenes rupestres desde un lugar a-lógico, comprender con el cuerpo y con la conciencia, buscando en sus estados alterados apoyándonos en prácticas de movimiento. Tras caminar y escuchar las explicaciones de Mercedes, armamos una pequeña práctica de movimiento en conexión con el entorno. Danzamos en las rocas, sobre ellas, frente a ellas, tocándolas por dentro.

Tras la práctica, se abrieron preguntas como: “¿en qué sentido puede decirse que se percibe la energía sexual del paisaje? ¿En qué sentido podemos interactuar con la energía de la roca? ¿Podríamos, a través de la participación ceremonial, ser parte de los procesos ecológicos? ¿Es este diálogo algo parecido al del humano pintando la roca? ¿En  qué sentido puede desarrollarse una relación íntima con un lugar, con un paisaje?

Partimos de un interés por explorar con y desde el cuerpo, a través suyo. Después de la práctica, nos preguntamos cómo hablar sobre nuestros hallazgos para nutrir un discurso ecofeminista en movimiento. Queríamos hablar de lo femenino-natural-ancestral sin modismos ni bibliografía (muy valiosa, sin duda).

Tras la exploración en las cuevas de Bacinete, dejamos marchar a Mercedes agradeciéndole encarecidamente que compartiera con nosotras su investigación sobre las pinturas rupestres y la representación a-genérica de las figuras humanas. Volvimos a casa, a Santa Lucía y seguimos construyendo sentido común alrededor del fuego. Mientras cenábamos, Helena nos habló de “La práctica de lo salvaje”, el libro de Gary Snyder que traía consigo. De él leímos el cuento de “La mujer que se casó con el oso” que nos aportó nuevos matices y sabores sobre las relaciones entre lo femenino y lo salvaje. 

Esta fue la primera práctica de la investigación El cuidado de lo salvaje, que realizamos en febrero. De ella salió el enunciado de la segunda sesión de trabajo, que hemos realizado en septiembre como parte de la exposición Barba-T. Metiendo las conversaciones que mantuvimos aquellos días de invierno en la batidora de la pandemia, un día Judith Mata nos dijo “Seamos guardianas del tacto”. 

Seamos. 


Este proyecto se realizó gracias al apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, afiliada a la Fondation de France y la Diputación de Cádiz como parte de la investigación ‘El cuidado de lo salvaje’ de la exposición BARBA-T · Arte, ciencia y participación en la cuenca del río Barbate.


beetimers

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